Conferencia anual de los embajadores - Discurso del Presidente Emmanuel Macron

Discurso del Presidente Emmanuel Macron en ocasión a la inauguración de la conferencia anual de los embajadores en Paris, el martes 29 de agosto de 2017

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París, martes 29 de agosto de 2017

Señoras y señores Presidentes,
Sr. Primer Ministro,
Señoras y señores Ministros,
Señoras y señores Parlamentarios,
Señoras y señores Embajadores,
Señoras y señores,

Me complace mucho recibirlos el día de hoy para esta primera Conferencia de los Embajadores desde nuestra elección presidencial, la cual se inscribió bajo el signo de la transformación profunda. Al decir eso, no estoy hablando únicamente de mi elección, sino que estoy describiendo el estado de ánimo de nuestros conciudadanos quienes eligieron para la segunda vuelta a dos candidatos que proponían revisar radicalmente la forma en la cual Francia ha sido gobernada durante estos últimos 30 años: este deseo de transformación, nacido de una conciencia muy clara que tienen los franceses de que el mundo en torno a nosotros se está transformando por sí mismo, y que nada es peor en este contexto que la inacción.

En algunos, la respuesta pasa por el repliegue, cerrarse, renunciar a la Historia, una forma de replegarse detrás de las fronteras que uno espera que se mantengan herméticas. Por lo que a mí se refiere, opté por la vía de una Francia que retoma su lugar entre las Naciones en Europa, que responde a los retos del mundo actual, haciendo que se escuche claramente su punto de vista.

Es esta vía la que los franceses eligieron con la exigencia, y sin duda la impaciencia, que se imponen cuando se tiene la impresión de que las decisiones deben tomarse rápidamente. No nos engañemos: el mundo tiene los ojos puestos en Francia. La transformación que hemos emprendido es una condición central –estoy convencido de ello– de la transformación de Europa con la mirada hacia el porvenir y hacia los pueblos. Y la transformación de Europa en torno a una visión compartida es la condición de un nuevo orden mundial más estable, que tranquiliza las rivalidades de las potencias.

Se les hace entonces un llamado para que se conviertan en los embajadores de la transformación de Francia, para que lleven a través del mundo el mensaje de una Francia más fuerte, más unida, más abierta, con el deseo de enarbolar, por donde pueda hacerlo, la antorcha de la acción multilateral, del diálogo político y de la resolución de crisis. Esta transformación de Francia que estamos emprendiendo tiene dos ambiciones indisociables.

Por una parte, la de hacernos más fuertes, de restaurar nuestra capacidad de innovar, de producir, de reducir el desempleo en particular de los más jóvenes. Y por otra parte, la de permitir a Francia, en una Europa reactivada, mantener su rango en un orden mundial profundamente trastornado.

No voy a describirles el día de hoy cómo avanza el mundo. Ustedes lo conocen mejor que nadie y tampoco voy a presentarles el catálogo de las situaciones regionales que Francia debe afrontar. Ellas son su pan de cada día y son ustedes quienes nos permiten entenderlas. No traten de buscar tampoco en este discurso el nombre de todos los países o de todas las regiones en las cuales están ustedes trabajando pensando encontrar en ello un reconocimiento. Cada uno tiene su pertinencia en una diplomacia que quiere ser mundial y global.

Lo que quiero más bien afirmar ante ustedes, son las ambiciones de Francia en este mundo tal como va avanzando, pues estamos atravesando un período de intenso cuestionamiento de las certezas diplomáticas y de interferencia en las líneas tales como el mundo las había tenido desde hace veinticinco o cincuenta años. Es el orden de 1989 el que se encuentra hoy día trastornado. Un orden basado en la mundialización convertida en ultra liberal y en híper potencia de un solo Estado.

Tenemos hoy el deber de refundar un orden colectivo, estable y justo, con nuestros aliados y todos nuestros socios. Para refundar este orden del mundo, la diplomacia de Francia debe articularse en torno a tres ejes fuertes: nuestra seguridad que se conjuga con la estabilidad del mundo; nuestra independencia que impone tener una mayor claridad sobre los términos de la soberanía incluso la europea; y por último nuestra influencia que va al parejo de la defensa de los bienes comunes universales.

La seguridad de los franceses es en efecto la razón de ser de nuestra diplomacia. Nuestros conciudadanos esperan por supuesto del Estado, que garantice su seguridad. Esta seguridad, es la de su familia, de sus amigos cercanos, pero es también –y lo vemos en la emoción y los impulsos de solidaridad que se manifiestan cuando ocurre un atentado incluso todavía en estas últimas semanas en España, en varios lugares en Europa y África– esta emoción de nuestras sociedades, en su totalidad.

Esta exigencia es profunda, es visceral y debemos responder a ella sin flaquezas. Las decisiones que deben tomarse entre seguridad y libertad nos imponen ciertamente una ecuación compleja a escala nacional. Pero hemos tomado nuestras decisiones, que son claras, conforme a nuestros valores y a nuestra tradición republicana, y los asumiremos en el texto de ley que se votará en el otoño y que nos permitirá salir de dos años del estado de urgencia.

Esta seguridad va al parejo de la estabilidad que es, por su parte, un reto geopolítico cuya complejidad conocen ustedes. Francia –miembro del Consejo de Seguridad, potencia nuclear– debe saber ejercer su papel de contrapeso cuando aparecen desequilibrios; debe en particular mantener los lazos con las grandes potencias cuyos intereses estratégicos divergen, y que a veces pueden dar lugar a algunos puntos en conflicto. Es el sentido mismo del diálogo constante que estoy manteniendo con el presidente estadounidense Donald TRUMP al igual que con muchos otros dirigentes.

Quiero una Francia que aporte soluciones e iniciativas cuando se perfilan nuevas crisis y una Francia capaz tanto de hacer que la escuchen a escala mundial como de intervenir ante las organizaciones regionales, como lo hicimos por ejemplo en el Sahel. Garantizar la seguridad de nuestros conciudadanos hace de la lucha contra el terrorismo islamista la primera prioridad de nuestra Política Exterior.

Sí, hablo bien de un terrorismo islamista y asumo perfectamente el empleo de este adjetivo, pues nada sería más absurdo que negar el lazo entre los actos terroristas que estamos viviendo y una lectura a la vez fundamentalista y política de cierto islam.

La candidez no cabe al respecto, como tampoco el miedo del islam que confunde islamista e islámico, y tiende a embarcar en la sospecha general a los millones de musulmanes que viven en Europa y no tienen ninguna relación con estas doctrinas fanáticas. Y no olvido aquí a los musulmanes que se levantan, a veces poniendo en peligro su vida, contra este oscurantismo asesino.

Dos grandes zonas concentran hoy día nuestros esfuerzos en la lucha contra este terrorismo: Siria e Irak por una parte, Libia y el Sahel por la otra. A partir de su extensión en Siria e Irak, ISIS comenzó a planear ataques contra nuestros intereses, contra nuestras vidas, nuestro pueblo.

Sí, Isis es nuestro enemigo. El retorno a la paz y a la estabilización de Irak y luego de Siria es al respecto una prioridad vital para Francia. Por ello debemos contribuir a poner en marcha en Irak en algunos aspectos, como en Siria sobre todo, una transición política incluyente en donde precisamente las poblaciones estén representadas de manera equitativa y consagrarnos a la reconstrucción de estos dos países.

En Siria, debemos terminar la guerra; en estos dos países, debemos ganar la paz. Para Siria, es con este fin que he querido desde el pasado mes mayo que podamos cambiar de método. El proceso de Astaná nos había puesto al margen de la solución de este conflicto en cuanto a la desescalada militar. Al instaurar un diálogo exigente con los turcos, los iranís y los rusos, pudimos hacer avanzar concretamente la situación.

En primer lugar definiendo un objetivo y una prioridad comunes: vencer a los terroristas y reconstruir la estabilidad de Siria; después, estableciendo un marco general. En primer lugar el fin de la utilización de las armas químicas y, debo decirlo, desde nuestro intercambio de Versalles hemos obtenido con los rusos resultados concretos sobre este punto. Posteriormente los accesos humanitarios en las zonas de conflicto. Consciente de los riesgos que subsisten, en particular sobre este último punto, estaré muy atento.

Por último, tomamos la iniciativa de un grupo internacional de contacto que asocia a los principales actores comprometidos en Siria. Este grupo, aceptado ya por nuestros interlocutores, permitirá dar un nuevo impulso al proceso dirigido por las Naciones Unidas. Los esfuerzos de Jean-Yves Le Drian, en particular, permitirán a este grupo ser operacional con motivo de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en septiembre.

Huelga decir que la reconstitución un día de un Estado de Derecho en Siria, a la cual Francia y Europa aportarán su contribución, deberá venir acompañada por la justicia con respecto a los crímenes cometidos, en especial, por los dirigentes de este país.

Libia y el Sahel son el otro foco de inestabilidad. La situación de Libia ha hecho de ella un refugio para los terroristas. Así, decidí en julio reunir a los dos principales actores de la crisis: el Primer Ministro Fayez Sarraj por una parte, y al jefe del ejército nacional libio Khalifa Haftar por la otra.

El encuentro de la Celle-Saint-Cloud, el 5 de julio, permitió hacer que avanzara la reconciliación entre libios bajo los auspicios de Naciones Unidas. Dentro de unos días en Nueva York, velaremos por la adecuada implementación de la hoja de ruta de la Celle-Saint-Cloud en apoyo a la acción del nuevo representante especial de Naciones Unidas, Sr. Ghassan Salame.

Esta reconciliación –que sólo es un principio y que tiene vocación de ser todavía más incluyente y reunir a otros dirigentes en Libia– era una etapa indispensable para el proceso político que es el único que permitirá erradicar a los terroristas. Debemos proteger también contra este riesgo a los vecinos de Libia, y muy en particular a Túnez.

Este será el objeto de un próximo viaje del Ministro para Europa y de Asuntos Exteriores. Y como las redes son móviles, organizadas, debemos también evitar que se establezcan en África, en especial al sur de las fronteras de Argelia y Libia: las bases de apoyo que se han convertido en zonas santuarios para el terrorismo islamista.

Al respecto, la decisión de mi antecesor de comprometer rápidamente a Francia en Malí, más ampliamente en el Sahel, fue el honor de nuestro país y una buena decisión. Eso sigue siendo un imperativo e incita también a una reflexión sobre el futuro.

Con mi viaje a Gao, y luego a Bamako, quise apoyar el esfuerzo colectivo de los países de la región en el G5 Sahel: el combate militar que conducimos en esta región, en particular a través de la fuerza Barkhane, tiene en efecto como objetivo la lucha contra el terrorismo. Y deseo al respecto que en las próximas semanas las prioridades puedan evaluarse de nuevo en función de este objetivo prioritario.

Pero nuestra presencia militar sólo tiene sentido en el marco de un trabajo político profundo; por ello es necesario hacer más sobre la puesta en marcha del acuerdo de paz de Argel, muy en particular por lo que se refiere a la situación interna en Malí.

Pero es preciso también hacer aún más sobre el aspecto del desarrollo: ese fue el sentido de mi viaje a Bamako. Acompañado por la Ministra de los Ejércitos y del Ministro de Asuntos Exteriores, lanzamos una alianza para el desarrollo del Sahel con nuestros principales socios el pasado mes de julio. Al respecto cuento con ustedes para movilizar todos los apoyos posibles a nuestro planteamiento de seguridad y desarrollo en favor del Sahel.

Decidí con Jean-Yves Le Drian el nombramiento para tal efecto, de un enviado especial sobre el tema. Ahí también, si queremos una acción eficaz, debemos avanzar con nuestra misión de seguridad y nuestros ejércitos y este compromiso en materia de desarrollo, indispensable para estabilizar toda la región –porque los terroristas se alimentan de nuestra incapacidad a estabilizarla– y permitirle un justo desarrollo.

La erradicación del terrorismo islamista implica también la reducción de sus financiamientos: se trata del vínculo de vínculos que existen entre la inmigración y el terrorismo, las redes del tráfico de hombres, drogas y armas que a través del Sahel están íntimamente ligadas hoy día a las redes terroristas. Su desmantelamiento es por lo tanto una prioridad absoluta, es el objeto mismo de la acción que llevamos a cabo in situ, la que llevamos a cabo con el conjunto de las organizaciones regionales y de la Unión africana. En el G7 como en el G20, se han logrado avances, en particular, con el fortalecimiento del Gafis en el cual Francia concentrará sus esfuerzos.

Hoy en día, el terrorismo y su financiamiento se han alimentado con las crisis regionales y con divisiones, divisiones en África, y divisiones del mundo musulmán. Es hasta cierto punto también lo que en la crisis del Golfo actual salta a la vista; por ello, a partir del desencadenamiento de la crisis entre Qatar y sus vecinos, quise colocar a Francia en un papel de apoyo a la mediación. No subestimo ningún de los intereses que están en juego en la región.

Pero es indispensable en este contexto que podamos hablar a todas las partes con dos objetivos en mente: el primero, preservar la necesaria estabilidad de la región, sin lo cual añadiríamos una nueva crisis a las crisis existentes; el segundo, consiste en obtener la transparencia en todas las formas de financiamiento del terrorismo, pues en la materia, se trata de no ser ingenuo en lo absoluto sobre lo que ha podido hacerse o lo que a veces se hace todavía, en relación con movimientos terroristas que combatimos en algunos teatros de operaciones.

Este es trabajo el que debemos proseguir en las próximas semanas y los próximos meses, y con respecto al cual nos comprometemos. Una de las cosas implícitas de esta crisis es la rivalidad entre Arabia Saudita e Irán, y sus aliados respectivos. Sólo lograremos nuestro objetivo de lucha contra el terrorismo a condición de no entrar en estos esquemas de lectura que buscarían imponer una elección entre chiitas y sunnitas, y hasta cierto punto, obligarnos a encerrarnos en un campo.

Otras grandes potencias tomaron esta decisión estos últimos tiempos: estoy convencido de que se trata de un error. Y la fuerza de nuestra diplomacia, es esta capacidad, ahí también, de hablar a todos para construir los elementos de una estabilidad y luchar eficazmente contra todas las formas de financiamiento del terrorismo. Por ello establecí un diálogo estrecho, tanto con Jordania, Egipto y los Países del Golfo, como con Irak e Irán.

Con este ánimo, quiero confirmar aquí muy claramente el compromiso de Francia con el Acuerdo de Viena sobre el tema nuclear iraní, que deseo se respete estrictamente. Este acuerdo –lo digo en presencia de Laurent Fabius– se mejoró gracias a la intervención de Francia, y muy especialmente la suya, cuando se estaba discutiendo. No hay alternativa al régimen de no proliferación nuclear, y mantendremos, al respecto, una firmeza implacable en cuanto a su aplicación.

Pero el marco de este acuerdo es el correcto, y puede completarse con un trabajo para después de 2025, con una labor indispensable sobre la utilización de misiles balísticos; pero en el contexto que estamos viviendo, el Acuerdo de 2015 es lo que nos permite establecer una relación constructiva y exigente con Irán.

Estoy poniendo también mucha atención a nuestra relación con el Líbano, país que sufre las tensiones y contradicciones de la región. Próximamente en París recibiré al Primer Ministro, y luego, al Presidente libanés, en visita de Estado. Este país afronta hoy día una situación crítica, con un gran valor, un gran sentido de las responsabilidades, que Francia debe apoyar, en nombre de nuestra relación secular, y también porque estas problemáticas nos atañen y nos comprometen.

A final de cuentas, si queremos resultados en esta lucha contra el terrorismo y su financiamiento, es necesario mantener lazos exigentes con todos y tener una agenda clara así como prioridades establecidas, que acabo de recordar. Por ello deseo convocar, a principios del año próximo en París, una conferencia de movilización contra el financiamiento del terrorismo.

Existe otro reto que tiene que ver con nuestra seguridad y la estabilidad del mundo: la crisis migratoria. Esta crisis nace en gran parte de las desestabilizaciones regionales profundas que acabo de mencionar, pero hay muchos otros factores: climáticos, diplomáticos, políticos, de desarrollo. Para nuestros conciudadanos, esta crisis encarna esta mundialización que se manifiesta en el corazón de nuestras sociedades.

Ahí también, debemos actuar sin renegar nuestros valores: recibir a los migrantes es un deber humano, es una cuestión de dignidad y fidelidad a lo que somos, en lo que creemos, y es un reto considerable para todos los países de Europa; porque se encuentran en una situación de fragilidad por el aumento de los flujos irregulares desde 2014, y porque cada uno de nosotros está ocupado en superar sus propios retos.

Deseo destacar aquí de nuevo la distinción entre los migrantes económicos y los refugiados, incluso si no contradice de ninguna manera la necesidad de proteger la vida de todos y de proteger la dignidad de todos. Pero sigue siendo una distinción omnipresente de nuestros derechos nacionales e internacionales, por ello es operativa. Ciertamente, estos últimos meses, la ruta de los Balcanes se ha cerrado progresivamente. Pero cerca de tres millones de refugiados permanecen en Turquía, y el eje balcánico sigue manteniéndose activo con la presencia todavía de redes de traficantes de personas que siguen operando. Llevar asistencia al respecto a Grecia es un imperioso deber.

La ruta del Mediterráneo central se ha caracterizado desde el principio del verano por una disminución importante del número de migrantes. Sin embargo, no sabemos aún decir en la actualidad si esta disminución será duradera. No obstante, cerca de 800 000 refugiados y desplazados están esperando hoy del lado libio, por lo que se trata de una amenaza real, vinculada a lo que acabo de mencionar, con la cual tenemos que vivir. Se trata en particular de ciudadanos de nacionalidades de África occidental, con pocas posibilidades de obtener un derecho de asilo en general, y que se encuentran hoy en la región.

Italia y Libia esperan de nosotros una cooperación reforzada, que debemos acordarles, y que produjo sus primeros efectos, en particular con el fortalecimiento de la acción de los guardacostas. Por último, la ruta del Mediterráneo occidental hacia España vuelve a ser una preocupación. Es en este contexto que Francia ha perfeccionado estas últimas semanas un plan global y coherente para comprender, a partir de los esfuerzos ya emprendidos, el conjunto de las trayectorias migratorias, desde los países de origen, hasta los países de destino.

Esto es lo que nos condujo, ayer en París, a adoptar una declaración conjunta, en un formato inédito, para lograr ─en torno a Francia, a Alemania, Italia, España, Chad, Níger, Libia y la Unión Europea, a través de medidas muy concretas─ un mayor control en la etapa anterior a Libia, con la posibilidad de tener listas cerradas, controladas por la ACNUR (Agencia de la ONU para los refugiados), para identificar las poblaciones más frágiles y más vulnerables con derecho al asilo, enviando equipos europeos, en enlace con la ACNUR: seremos a la vez más humanos y más eficaces, pero organizando el retorno hacia el país de origen de miles de migrantes, que se encuentran hoy en Níger o Chad, y responderemos también a un reto intrarregional africano.

Esta acción tomará tiempo: es difícil, pero con las medidas concretas, precisas, que se decidieron, con financiamientos claras, pienso que constituyen una respuesta esencial a nuestro reto que debemos afrontar hoy en día hoy. Ahí también, se trata de un trabajo humanitario, de protección y seguridad así como de desarrollo.

Para implementar este plan, decidí nombrar a un embajador encargado de coordinar el conjunto de las negociaciones vinculadas a las migraciones, y se puso en marcha un grupo operacional, bajo la supervisión del Ministro de Asuntos Exteriores, que evaluará las etapas regulares con el conjunto de las partes involucradas y permitirá trabajar muy estrechamente con la Unión Europea y la Unión Africana sobre este tema.

Pues África no es sólo el continente de las migraciones y las crisis: es un continente con porvenir; y resulta también, al respecto, que no podemos dejarlo solo ante sus retos demográficos, climáticos, políticos: nuestras empresas, nuestros estudiantes, nuestros investigadores, nuestros artistas deben interesarse en él. Viajaré próximamente a Uagadugú para llevar este mensaje, a través de la seguridad, el desarrollo, la diplomacia, los lazos económicos y la innovación. La estrategia que quiero poner en marcha consiste en crear un eje integrado entre África, el Mediterráneo y Europa.

Eje en el que los Países del Magreb son obviamente nuestros socios privilegiados, como quise mostrarlo durante mi visita a Marruecos y en los intercambios regulares con Argelia, al igual que con Túnez. Debemos hacer que trabajen juntos, por último, los continentes europeos y africanos, a través del Mediterráneo: el Magreb permanecerá para ello como una prioridad central para Francia, en todos los ámbitos de nuestra cooperación, ya sea económica, política, pero también cultural.

Las rutas de la necesidad, que desplazan a tantos africanos, quienes hacen que, hoy día, el desierto en África y el Mediterráneo se hayan convertido en el cementerio de millones de africanos, abandonados a la indigencia y a la manipulación de estas redes de traficantes que mencionaba hace unos momentos: estas rutas de la necesidad deben convertirse en caminos de la libertad, que unan Europa, el Mediterráneo y África.

Pues es en África que se juega y mucho el futuro del mundo. Francia ya no podría ser este país postcolonial vacilante entre un magisterio político debilitado y un arrepentimiento malsano: los países de África serán nuestros grandes socios. Y debemos seguir aprendiendo ellos, como ellos pueden aprender de nosotros. Para alimentar este intercambio, pondré en marcha, en las próximas semanas, un Consejo Presidencial para África, que será una estructura inédita, con la mirada puesta en las expectativas de nuestras juventudes.

Este Consejo transformará la gobernanza de la política africana agrupando en torno a mí a un grupo de personalidades comprometidas y provenientes de la sociedad civil. África lo ilustra perfectamente: una política exterior, deseosa de restablecer la seguridad, debe activar tres grandes palancas, casi de manera concomitante; estas palancas son lo que llamo hasta cierto punto las tres D, Defensa, Desarrollo y Diplomacia.

El Sahel es un excelente ejemplo de esta combinación de palancas de acción, pero eso es válido en todas partes. La Defensa en primer lugar: comencé a mencionarlo y podemos y debemos sentirnos orgullosos de nuestros ejércitos, a quienes reservé uno de mis primeros viajes al extranjero, visitando a nuestras fuerzas a Gao.

Mi ambición es que en calidad, en capacidad de despliegue, en reactividad, nuestros ejércitos se afirmen, incluso en la nueva dimensión cibernética, entre los primerísimos del mundo, el primero en Europa, protegiendo a Francia, pero también a nuestro continente.

Por ello afirmé el compromiso de elevar el esfuerzo de defensa de nuestro país al 2% del producto interior bruto, en 2025, con –desde 2018– un aumento de más de mil millones y medio de euros. Pero nuestra seguridad no se reduce a la acción de nuestros ejércitos, independientemente de su valor: nuestras operaciones militares sólo serán plenamente eficaces si se inscriben en un enfoque global; y deseo que el aporte de la herramienta diplomática y su contribución a las cinco grandes funciones estratégicas de nuestro Libro Blanco de 2013 se tomen bien en cuenta en el ejercicio en curso de revisión estratégica y defensa de seguridad nacional, que supervisa la señora Ministra de los Ejércitos.

En materia de desarrollo, fijé el objetivo de invertir un 0.55% de nuestro ingreso nacional para la ayuda pública al desarrollo de Francia a partir de ahora y hasta 2022. Esto representa un esfuerzo considerable en el contexto presupuestario para los próximos cinco años. Este esfuerzo debe también apoyarse con un cambio de método, por una parte, como la Agencia Francesa de Desarrollo lo hace ya, trabajando en estrecha simbiosis con todos los demás protagonistas franceses concernidos, ya se trate de nuestros ejércitos, de nuestros gobiernos locales, del sector privado o de las organizaciones no gubernamentales; y por otra parte, alcanzando de manera más eficaz y más directamente a los beneficiarios de la ayuda en nuestros países socios.

Deseo además que el componente bilateral de nuestra ayuda al desarrollo represente, en los años por venir, una parte más importante: la Educación será la prioridad pues es necesario dar una alternativa al fundamentalismo y al oscurantismo; el papel de las mujeres; la lucha contra los cambios del clima y el acceso a una energía descarbonizada; la erradicación de las pandemias, como el VIH SIDA –que sigue constituyendo una grave amenaza en el continente africano, a pesar de los grandes avances logrados– constituirán todas ellas las otras prioridades de esta asociación de cooperación renovada.

La herramienta diplomática, finalmente, se ha caracterizado estos últimos años por una erosión constante de sus créditos, a pesar de la movilización de todos y de todas ustedes, que le han dado y preservado toda su fuerza gracias a una innovación y un compromiso constante.

Velaré personalmente para que cuenten ustedes con los medios que les permitan cumplir sus misiones; y sé que el Primer Ministro está muy atento al respecto: garantizar la seguridad de nuestro personal, que sigue siendo una prioridad absoluta; hacer que funcione –adaptándolo al mismo tiempo de manera permanente– una de las raras redes diplomáticas universales que existe en el mundo; pagar nuestras contribuciones a las organizaciones internacionales y financiar nuestros programas de irradiación cultural, de ayuda humanitaria o de cooperación al desarrollo. Para lograrlo, el año 2018 será un año de estabilización presupuestaria.

Si la seguridad se impone como una prioridad es porque es el fundamento del segundo eje que asigno a nuestra diplomacia: el de la independencia. Con este término no designo de ninguna manera un espléndido aislamiento: simplemente estoy sacando las lecciones de este mundo multipolar e inestable, en el cual debemos, cada día, maniobrar por nosotros mismos en función de nuestros intereses. Para ello debemos tener movilidad, ser autónomos, capaces de establecer alianzas y de jugar plenamente el juego multilateral, y a la vez inscribirnos en la tradición de las alianzas existentes y, de manera oportunista, construir alianzas de circunstancias que nos permitan ser más eficaces.

Francia sólo sabrá hacer valer sus prioridades a través de una independencia sin arrogancia, pero asumida. Eso exige ante todo que estemos plenamente presentes y activos en las instancias multilaterales, y la primera de ellas, muy obviamente, la ONU.

No es una casualidad si el Secretario General de las Naciones Unidas fue mi primer visitante internacional en París. No olvido que nuestro país pertenece a todos los círculos importantes de estas instituciones y tiene el honor de ser la sede de varios de ellos en su propio territorio: la OCDE, la Organización Internacional de la Francofonía, el Consejo de Europa, la UNESCO cuyas misiones son fundamentales, en mi opinión, y para cuya dirección apoyo a la candidata francesa.

Por ello también deseo que podamos establecer nuevos formatos multilaterales cuando sea necesario, como lo hacemos con Siria. La crisis, con Corea del Norte, debe también ser objeto de un tratamiento colectivo. Mientras que los dirigentes de Pyongyang acaban una vez más de dar cuenta de su irresponsabilidad, destaco aquí la solidaridad de Francia con Japón. Seguiremos haciendo un llamado para poner en marcha políticas intransigentes con respecto a Corea del Norte, al tiempo que aumenta una amenaza balística y nuclear, la cual atañe también a Europa. En contacto con los otros miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Francia está lista para tomar cualquier nueva iniciativa útil con el fin de impedir la escalada, traer a Pyongyang a la mesa de negociaciones e implementar, de manera rigurosa, la resolución adoptada el 5 de agosto.

El multilateralismo es también esta capacidad para organizar grandes proyectos que lo estructuran, y lo digo con un tono muy grave: si no llegamos a la cita del multilateralismo, otras grandes potencias aprovecharán estos instrumentos. Y de hecho ya comenzaron a hacerlo, China en primer lugar, con compromisos importantes ─volveré a hablar al respecto en particular sobre el clima─ que son garantías dadas, pero también con valores, intereses, que no son a menudo los nuestros. Debemos pues tomar en cuenta estas iniciativas, pero saber hacer que revivan y dar una consistencia, una coherencia, a las formas actuales del multilateralismo en donde tenemos un lugar esencial.

China, lo decía hace unos momentos, ha tomado iniciativas importantes, estos últimos años: la nueva ruta de la seda es el ejemplo mismo de un gran proyecto geopolítico conducido por China, que debemos tomar en cuenta desde el punto de vista de nuestros intereses europeos.

Durante estos últimos años se ha llevado a cabo un trabajo diplomático importante, precisamente para reconstruir una asociación de cooperación sólida, apoyado en una tradición histórica, con China. Deseo proseguir este trabajo y construir, con China ─al lado de la cual tenemos un escaño en el Consejo de Seguridad─ una relación sólida a largo plazo, que contribuirá a la estabilidad de los equilibrios internacionales, pero sin dejar ninguna ambigüedad sobre sus equilibrios, y los valores que los sustentan.

Confiero también una gran importancia, evidentemente, a nuestras asociaciones con Japón, pero también la India, adonde viajaré antes de finales de año, en particular, en el marco de la Alianza Solar Internacional –para el cual la Sra. Ségolène Royal aceptó asumir responsabilidades– que permitirá coordinar este trabajo y reunir, también, al conjunto de los socios y de las fuerzas que podremos movilizar con eficacia.

Finalmente, mientras que el Secretario General de las Naciones Unidas emprende una visita importante al Cercano Oriente, resulta fundamental que Francia siga influyendo en el tema israelo-palestino. Proseguiremos nuestros esfuerzos con la ONU para lograr una solución de dos Estados, Israel y Palestina, viviendo lado a lado en seguridad, con fronteras reconocidas por la comunidad internacional, con Jerusalén como capital de ambos Estados. Deseo viajar, al respecto, en la próxima primavera, al Cercano Oriente, en visita oficial a Líbano, Jordania, Israel y a los Territorios Palestinos.

Se dan cuenta ustedes bien, la independencia, de la que aquí se habla, no es la de los soberanistas que se refugian detrás de las fronteras que ellos esperan herméticas; la independencia es la que permite hacer que la voz de Francia sea escuchada, que haga valer sus intereses en la escena internacional, la que permite influir en el curso del mundo en lugar de ser su rehén. La independencia, por fin, que permite no ser el esclavo de las hiperpotencias, sino su interlocutor. Por ello el multilateralismo es, en mi opinión, uno de los instrumentos de nuestra independencia. Esta independencia es una soberanía abierta al mundo, y esta soberanía exige, sin embargo, que se enarbole colectivamente cuando los retos exceden el marco nacional.

Para Francia, el lugar en donde construir las herramientas de nuestra potencia y aportar la respuesta adecuada a los retos que se presenta: el lugar de nuestra soberanía es hoy día Europa.

Enarbolé la ambición europea durante la campaña presidencial, con muchas convicciones y a pesar de los todos los agoreros quienes pensaban que defender Europa era una idea del pasado, o destinada esencialmente al fracaso. Empecé a darle cuerpo a partir del momento en que asumí mis funciones viajando a Berlín y haciendo de esta alianza, de este fundamento, entre Francia y Alemania, no la respuesta a todos los problemas, sino la condición de posibilidades de comenzar a resolverlos para convencer posteriormente al conjunto de nuestros socios.

Ahí presenté, con la Canciller, una agenda de protección, con el fin precisamente de reconciliar a los europeos con la construcción de Europa, porque esta agenda es el corazón mismo de una soberanía europea. Lo que nuestros conciudadanos esperan de Europa, es que los proteja del curso del mundo: eso es la legitimidad del Léviathan, y lo habíamos olvidado; no es que Europa venga a inmiscuirse en cada detalle de la vida cotidiana, y de manera predeterminada, que una conducta política se vuelva precisamente burocrática. No. Esta agenda de protección, que implementamos desde hace cuatro meses, se apoya en cuatro ejes.

La protección de los trabajadores, articulada con las reformas que conducimos en nuestros países, y al respecto la revisión de las normas del trabajo desplazado. La reforma del derecho de asilo y la cooperación europea en materia migratoria, indispensable para protegernos de manera colectiva ante los riesgos que mencionaba hace unos momentos. La definición de una política comercial y de instrumentos de control de las inversiones estratégicas en un ánimo de reciprocidad, porque Europa debe convertirse plenamente en una potencia económica que sabe protegerse ante los dumpings o ante los comportamientos irrespetuosos del derecho internacional, como los Estados Unidos lo hacen y como habíamos olvidado un poco hacerlo.

Por último, el desarrollo de la Europa de la defensa, idea de la que hablamos desde hace tantos años, pero que, bajo el impulso de la Comisión Europea, y apoyada por la pareja franco-alemana, tuvo avances concretos en el último Consejo Europeo con la instauración de un fondo, de una cooperación estructurada permanente, a la cual hemos comenzado a darle cuerpo a partir de la Cumbre y del Consejo de Ministros franco-alemanes que se llevó a cabo posteriormente el pasado 13 de julio.

En cada uno de estos temas obtuvimos ya los primeros resultados: son la condición precisamente de esta credibilidad y de una reconciliación entre muchos de nuestros conciudadanos y la idea europea.

Después de las próximas elecciones alemanas, en algunas semanas, propondré así nuevos avances para una reactivación de nuestra Europa. No se trata, se los aseguro, de los cambios de tratados ya bien preparados, tampoco de las obsesiones institucionales, sino de manera concreta de unos diez temas sobre los cuales podemos volver a dar a la vez una ambición a Europa y un deseo de Europa a nuestros conciudadanos. Porque, hoy día es una refundación la que debemos emprender, porque nuestra convicción europea nos obliga: nos obliga a no dejar a Europa atascarse en la rutina o en las querellas tecnócratas. Nos obliga a no dejar la exigencia de cambio y la necesidad de protección a los nacionalistas de todos los frentes. Nos obliga a honrar la promesa inicial, que recosió nuestro continente de la posguerra, la paz, la prosperidad, la libertad. Nos obliga, en una palabra, a hacer movimiento para evitar la desintegración.

Francia presentará así propuestas para reforzar a la Unión Económica y Monetaria, reforzar la convergencia de nuestras políticas sociales y fiscales, permitir una mejor identificación de la Unión Europea con las ideas que cuentan para la juventud, en particular, en materia cultural, pero también para profundizar la Europa de la defensa, reforzar la política migratoria europea, tener una verdadera Europa del clima y la energía. Todos ellos son retos, los nuestros hoy día en el país, y por los cuales, día y tras día, está luchando el Gobierno; pero nuestra Europa, como supo hacerlo cuando se crearon programas como Erasmus, debe volver a encontrar el interés de su ambición, es decir, respuestas concretas a las preocupaciones de nuestros conciudadanos, para la enseñanza superior, para la cultura, para el clima, para nuestra seguridad colectiva. Este será el sentido de las propuestas que presentaré a nuestros socios en las próximas semanas.

En el ámbito del sector digital, que forma parte evidentemente de esta ambición, proteger nuestros datos, controlar a los gigantes de Internet, apoyar a los campeones mundiales, sólo puede hacerse a escala europea y formará parte de esta iniciativa; pero sobre este tema deseo que, desde finales de septiembre, en la cumbre de Tallin, podamos superar una etapa importante.

El trabajo de refundación que tenemos la intención de proponer debe fundarse en la confianza, el debate, debe recurrir a todos y, en particular, a la juventud de Europa. Creo que el referéndum francés de 2005, que luego nos hizo dudar tanto sobre cualquier nuevo movimiento en Europa, y lo que acaba de pasar en Gran Bretaña, demuestra que el tiempo de una refundación de Europa en los círculos cerrados, o en algunos cenáculos autorizados, se ha terminado.

Esta refundación sólo se hará a través de un debate democrático organizado, que nuestras sociedades necesitan. Los pueblos europeos necesitan apropiarse de la idea europea. Por ello lanzaremos en los próximos meses, en Francia, y en los otros países voluntarios, convenciones democráticas para asociar mejor a nuestros conciudadanos a la reflexión sobre el porvenir de Europa.

En los próximos meses, tendremos que negociar la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Mi mensaje es sencillo: prefiero construir el futuro que saldar el pasado. Nuestra ambición no es administrar sino transformar, y este Brexit llegó porque, durante años, ya no nos atrevimos a proponer, ni siquiera osamos reunirnos en el simple formato de la zona euro, para no apesadumbrar a los británicos, o a los polacos. ¿Qué agradecimientos tenemos a la mano? ¡Vamos! El Brexit no debe captar toda nuestra energía, y Europa ha sufrido demasiado por haberse convertido en un síndico de gestión de crisis; pero el Brexit debe conducirnos a dos reflexiones esenciales: cuando Europa sólo es un mercado, termina por ser rechazada, por ello debemos reconstruir una Unión ambiciosa y protectora. Sobre todo, esta situación inédita debe obligarnos a ser más innovadores, debemos pensar una Europa en varios formatos, ir más lejos con todos aquellos que desean avanzar, sin ser obstaculizados por los Estados que desean, y están en su derecho, avanzar menos rápido o menos lejos. Debemos salir de un marco limitante en dónde sería necesario avanzar mañana con 27, o nada, con 19 o nada. No es cierto: siempre hemos avanzado con una vanguardia de deseo que seguían algunos otros. Construimos una estática del aburrimiento, ¿qué crea ella? Incomodidades. Debemos ahí también reencontrar esta ambición inicial.

Debemos también tener el valor de volver a examinar los dispositivos que hicieron a veces a Europa inexplicable o insoportable a los mismos europeos, ir en el sentido de una simplificación administrativa radical, y de más subsidiariedad, y el Brexit no debe hacernos perder vista este debate, iniciado bajo el impulso británico, al respecto. Y mi compromiso para la revisión de la directiva sobre los trabajadores desplazados se inscribe plenamente en esta ambición, la que defendí hace unos días en los países del Este de Europa. Este combate pone en tela de juicio los consensos aparentes, lo asumo plenamente, porque son a menudo consensos perezosos, que han podido prevalecer estos últimos veinte años.

Ciertamente, sería más sencillo sentirse satisfecho con las aguas tranquilas y dejar prosperar a aquellos que, del interior, sabotean el proyecto europeo; aceptar las críticas de algunos Estados que nos dicen que estamos cerrados, que no nos reformamos, que nuestro mercado laboral no es eficaz; aceptar tácitamente que varios actores económicos en Francia utilizan por cierto lo que denuncian abiertamente en las obras que deben llevar a cabo y dejar a algunos países abrir estas vías navegables en Europa y no respetar ninguna norma de la solidaridad colectiva. Pero eso no es amar a Europa, y eso no es por cierto lo que condujo a crear Europa. El mercado único no es simplemente mercados abiertos unos con otros: es un principio de convergencia, es una voluntad de ir en una misma dirección, de tener una ambición común, de ser capaz de discutir sobre nuestros estándares comunes, no de ir a buscar al mejor postor en el plano social, al mejor postor en le plano fiscal, al mejor postor en materia de protección, porque conocemos más o menos, al respecto, el fin de la historia.

Si decidimos que Europa sea nuestro porvenir común, debemos a nuestros conciudadanos compromisos ambiciosos, cuestionamientos regulares, ya que ni en Europa ni en otras partes las situaciones son inamovibles.

Lo que nuestros pueblos esperan de esta Europa más legible, de esta Europa que debe protegerlos mejor, es que sepa imponerse en una mundialización resentida como algo cada vez más brutal, ciertamente no encerrándose, sino haciendo que se respeten las reglas que garantizan la lealtad de los intercambios, la reciprocidad de la apertura comercial.

Ya se trate de las grandes plataformas de Internet, de las potencias comerciales y financieras, Europa es la instancia correcta si se la pone en situación de desempeñar su papel, si dispone de los instrumentos necesarios, si goza de la confianza de los Estados miembros, en una palabra: si adquiere una verdadera soberanía en nombre de nuestros países y ante el resto del mundo.

Pero permítanme, en esta fase, disipar una duda que podrían concebir. Si los ejes que asigno a nuestra política exterior son la seguridad y la independencia, no es con el fin de hacer de Francia un pequeño país pusilánime y celoso de su tranquilidad, todo al contrario: es para poner estos principios y estas líneas de fuerza al servicio de lo que es más grande que nosotros, es para darle los fundamentos de una mayor influencia, articulada en torno a nuestros valores y nuestros ideales, este conjunto para dar de nuevo su voz a este universalismo que nos constituye tan profundamente.

En efecto, cuando observamos el mundo en torno a nosotros, una evidencia nos sorprende: Europa es uno de los últimos refugios en donde los ideales de las Luces que son la democracia electiva y representativa, el respeto de la dignidad humana, la tolerancia religiosa y la libertad de expresión, la creencia en el progreso, se comparten todavía ampliamente, y alimentan aún un horizonte colectivo. Estos ideales, los llamo nuestros bienes comunes. Francia debe ser su infatigable abogado, porque es el corazón de su vocación, y porque es así que Francia es solidaria con el mundo.

Nuestro primer bien común es nuestro planeta. Francia ha contribuido fuertemente a este compromiso al ser la sede, en 2015, de la COP21 que permitió lograr el Acuerdo de París sobre el clima: ejemplo de un nuevo multilateralismo abierto a los actores no oficiales y basado sobre la ciencia. Es un éxito francés, el de la diplomacia francesa, por la que deseo, aquí, felicitar a todos ustedes; fue mi antecesor quien la promovió, y es tanto el éxito de todos ustedes como el suyo. Haré todo para preservar este acuerdo y garantizar su mejor implementación posible. Este es el sentido de la iniciativa, en respuesta a la decisión estadounidense, que tomé el pasado 1° de junio; es también el sentido de la cumbre que decidí organizar el próximo 12 de diciembre, en la fecha de aniversario de esta COP21, con el Banco Mundial, en particular, y todos nuestros socios que deseen asociarse a ella, dos años después de la firma del Acuerdo de París, para poder hacer un balance sobre los avances y poder movilizar los financiamientos indispensables.

Abogaré también en la ONU, a finales de septiembre, por la elaboración y la adopción de un pacto mundial por el medio ambiente, bajo los auspicios del Presidente del Consejo Constitucional, que fue objeto de un trabajo de un grupo de expertos internacionales y permite avances concretos.

Deberemos tomar iniciativas mayores en los próximos meses a este respecto, no sólo en términos de derecho sino también en favor de la biodiversidad y de numerosos temas que el Ministro de Estado Nicolas Hulot presentó a principios del verano en el marco del plan para el clima que defiende, y con una coherencia indispensable entre nuestra agenda nacional, europea e internacional.

Es esta coherencia la que conducirá al Ministro a presentar próximamente compromisos muy claros: Francia cumplirá con estos compromisos con el fin de preservar, ahí también, su capacidad para impulsar esta dinámica internacional.

Es importante desarrollar al respecto un diálogo estrecho con socios que decidieron realizar en la materia una acción ambiciosa. Pienso muy especialmente en China, socio indispensable habida cuenta de las recientes decisiones de Estados Unidos, y en la India a dónde viajaremos a finales de año.

Confrontados con los estragos del calentamiento climático y las contaminaciones masivas, muchos países han adoptado políticas innovadoras y esperan de nosotros un firme apoyo. Nuestra voluntad común, nuestra capacidad de innovación, nuestras cooperaciones científicas y económicas pueden realmente cambiar el curso de las cosas.

El segundo bien común es la paz, la que permite elegir su vida, construir su trayectoria, fundar a una familia, soñar con todos los sueños posibles. ¡Ah! Puede uno parecer extraordinariamente ingenuo o haber parecido quizá extraordinariamente ingenuo hace algunos años al decir estas palabras, pero la Historia se acordó de nosotros. Habíamos olvidado que 70 años de paz en el continente europeo eran una aberración de nuestra Historia colectiva. Esto es, sin embargo, lo que nuestra Europa permitió que sucediera.

Pero la amenaza está tocando a nuestras puertas y la guerra está en nuestro continente. En Siria ciertamente, en Europa, y por esta razón no podríamos escatimar nuestros esfuerzos para mantener ahí también el diálogo con Rusia, ni limitar nuestras exigencias para solucionar la crisis con Ucrania y todos los conflictos congelados en nuestro continente.

Francia y Alemania seguirán desplegando juntas todos sus esfuerzos para la puesta en marcha de los acuerdos de Minsk en el formato llamado “Normandía”, al mismo tiempo que muchos hombres siguen muriendo todavía hoy en el Donbass. Hago un llamado a todas las fuerzas en presencia a que respeten el alto el fuego decidido la semana pasada. Es por nuestra seguridad, pero también por la idea misma que nos hacemos de la Europa de la paz. En estas situaciones la OTAN da fe de su utilidad. La cumbre organizada para 2018 dará, al respecto, la oportunidad de reflexionar sobre los medios de dar un impulso renovado a esta institución.

Nuestro tercer bien común, son la justicia y las libertades. Es el fundamento viviente de los derechos fundamentales por los cuales millones de mujeres y hombres lucharon y siguen luchando todavía día tras día. Esta herencia en constante evolución, cuestionada sin cesar por los dictadores, los criminales y los traficantes de toda clase debe ser el fermento de nuestra acción colectiva. Nuestra diplomacia deberá seguir defendiendo activamente las libertades fundamentales: el lugar de las mujeres, las libertades de la prensa, el respeto de los derechos civiles y políticos por todas partes en el mundo.

Los Derechos Humanos no son solamente valores occidentales. Son principios universales, normas jurídicas libremente adoptadas por todos los países del mundo que debemos explicar sin cesar, defender, mejorar. Al respecto asistiré al Consejo de Europa y al Tribunal Europeo de Derechos Humanos a principios de noviembre.

Deseo que la tradición jurídica francesa, que varios de entre ustedes en esta sala llevan consigo, pueda ser no sólo plenamente reconocida ─lo que ya sucede de manera muy amplia─ sino también que pueda influir en todos nuestros socios quienes, a veces, toman otras vías o podrían extraviarse ante esta verdadera amenaza.

Deseo también rendir un homenaje particular a las organizaciones internacionales como la OIM y la ACNUR, al Comité Internacional de la Cruz Roja cuyo Presidente ha sido con toda razón el invitado de honor de nuestra conferencia, y también a las numerosas organizaciones no gubernamentales que, en los contextos más peligrosos, hacen retroceder la violencia contra los civiles y hacen que viva a nuestra humanidad.

Por ello el diálogo con todos, que considero como parte fundamental de nuestra diplomacia, no podría abstenerse de recordar estos elementos fundamentales. Nuestros intercambios diplomáticos y económicos con Rusia, Turquía o China no podrían justificar que se cubra con un velo púdico, el tema de los Derechos Humanos pues entonces, nos estamos traicionando a nosotros mismos. Es necesario saber respetar a nuestros interlocutores, sus propias historias, su propia evolución, sin ahorrarse un diálogo de esta naturaleza.

Porque es eso lo que nos ha construido también, porque es eso nuestra dignidad, porque es una de las razones por las cuales combatimos con tanta determinación este terrorismo que mencionaba hace unos momentos. Y nuestros conciudadanos tienen esta exigencia: no comprenden las complacencias de las que es objeto, por parte de algunos, el régimen que se establece en Venezuela.

Que se me permita decir a este respecto cuán preocupante es la crisis actual de Venezuela. Una dictadura intenta mantenerse en pie a costa de un sufrimiento humanitario sin precedentes por una radicalización ideológica inquietante, aun cuando los recursos de ese país son considerables. Deseo reflexionar, con los Gobiernos de América Latina y Europa, acerca de la manera de evitar nuevas escaladas, incluso las de carácter regional.

Del mismo modo, tengo el deber de hablar sin ambages para apoyar a la Comisión Europea cuando ella considera que las autoridades de un Estado miembro ponen en marcha una política contraria a los principios fundamentales de la Unión, quieren promover reformas de su justicia incompatibles con los principios de la Unión. Y me asombro a veces que aquellas y aquellos que, en nuestro país, pretenden defender estos mismos derechos o estos mismos intereses se indignan por el hecho de que se pueda decir la verdad a un Estado miembro o apoyar a la Comisión en sus gestiones.

Por último, nuestro bien común es la cultura. Son estos bienes culturales que por todas partes, cuando la democracia se encuentra amenazada, cuando la guerra está ahí, por todas partes estos bienes culturales se encuentran en peligro. La alianza defendida por mi predecesor apoyada por varios de entre ustedes, encaminada precisamente a proteger en todos estos teatros de operación los bienes culturales, se proseguirá y comprometeré para ello nuestra fuerza diplomática, nuestra acción. Ahí también se percibe la coherencia de la acción que llevamos a cabo en el país para el desarrollo del acceso a la cultura como una con las voces de emancipación de la defensa de nuestro modelo de civilización ante el terrorismo. Es este combate el que debemos llevar por todas partes a escala internacional en donde estos bienes culturales se encuentran amenazados, porque forman parte de nuestros bienes comunes.

La solidaridad universalista que Francia despliega en la defensa de los bienes comunes de la humanidad radica en una condición: que Francia misma ofrece al mundo un modelo deseable. Por ello no hay influencia sin poder de atracción. La primera fuente de atractividad es sin duda alguna la economía. Se puede tener el discurso que acabo de decir; pero si junto a eso uno se contenta con tener una economía débil en donde todo se intenta, simplemente no estamos siendo coherentes. No nos damos los medios para triunfar.

Si no se pretende afrontar todos los retos nacionales para estar a la altura de ello, tener una educación, una universidad a la altura de este reto, una fuerza económica que permita responder a ello, no estamos siendo coherentes. En efecto, esta fuente de atractividad que es nuestra economía, debemos seguir desarrollándola porque es un atributo de la potencia y porque es una prioridad de la acción diplomática.

Quiero aquí confirmar lo que se había decidido hace varios años. La diplomacia económica es una prioridad de la red de ustedes y deseo confirmarla: se trata de un deseo del Ministro Jean-Yves Le Drian que apoyo. Esta diplomacia comienza por un mayor esfuerzo para ayudar a nuestras pymes a instalarse en los mercados de los países en donde representan ustedes a Francia.

Hago un llamado a ustedes para apoyarlas y para desarrollar la red de voluntarios internacionales: herramienta notable para la inserción profesional y la apertura internacional de los jóvenes franceses cuyo vivero es necesario ampliar. Deben ustedes contribuir también a atraer nuevas inversiones a Francia, creadoras de empleos y valores. El Brexit, al respecto, es una oportunidad. Las estrategias industriales y financieras adoptadas por los grandes fondos soberanos son también una realidad fuertemente inscrita en el paisaje de esta diplomacia económica.

Les pido que tomen iniciativas para atraer nuevos talentos hacia nuestro país utilizando los programas, por ejemplo el programa French Tech Ticket, proponiendo nuevos mecanismos incitativos, adaptando nuestros dispositivos de expedición de visas y apoyándose en nuestras prioridades, en particular la lucha contra el calentamiento climático, la excelencia universitaria que debemos desplegar y que deseamos desplegar.

El Primer Ministro y yo tomamos la decisión de confiar la responsabilidad de estas políticas al Ministro para Europa y de Asuntos Exteriores. Lo hace en unión con sus colegas en su ámbito de competencias. La medida de nuestro éxito será el aumento del número de empresas exportadoras y la perennización de sus flujos de exportación.

Al respecto, lo estamos haciendo menos bien que Alemania e Italia. Esta será también la misión de los nuevos dirigentes de Business France: la de implementar estas orientaciones. El Ministerio para Europa y de Asuntos Exteriores es también responsable de la marca Francia en el extranjero. Es una dimensión mayor del trabajo de ustedes. Movilizar al conjunto de los servicios a su cargo para mejorar la imagen de Francia ante las personalidades influyentes es un elemento importante de este poder de atracción. Celebro el muy fuerte compromiso del Gobierno en este contexto de atractividad económica en favor de un sector esencial en este ámbito, que es el sector turístico.

El Primer Ministro fijó la hoja de ruta y las prioridades de acción durante el Consejo Interministerial del 26 de julio. El Ministro para Europa y de Asuntos Exteriores reunirá de nuevo a sus colegas y al conjunto de los actores implicados el próximo 10 de octubre con un objetivo claro: recibir cien millones de turistas a partir de ahora y hasta 2020. La acción debe ser en la materia determinada. El levantamiento del estado de urgencia nos permitirá acelerar nuestra eficacia, pero es una movilización de todos y de todas porque hace tangibles las consecuencias de nuestra acción diplomática en la vida cotidiana de nuestros conciudadanos. Se trata de empleos creados, es una actividad desplegada por todas partes en nuestro territorio.

Cuento mucho entonces con los intercambios que permite esta semana, con el fin de establecer una nueva hoja de ruta para nuestra diplomacia económica. Al término de esta conferencia, su Ministro entregará al Primer Ministro esta hoja de ruta, componente esencial de la reactivación de nuestro país. Sé que puedo contar con su implicación personal en este trabajo.

Otro aspecto esencial de nuestro poder de atracción, es la diplomacia estudiantil. Francia recibe a 300 000 estudiantes extranjeros cada año en nuestras universidades y escuelas de prestigio; no es suficiente. Este número ha permanecido estable mientras que la movilidad estudiantil en el mundo aumentó un 25% desde hace cinco años. Estados Unidos siguen atrayendo cada vez más estudiantes, el Reino Unido también pero no Francia que fue rebasada el año pasado por Australia.

Eso requiere por nuestra parte una estrategia más resuelta para constituir en Francia grandes universidades visibles a escala internacional. Este será el reto a partir del nivel medio de enseñanza del Ministro de Educación Nacional y de la Ministra de Enseñanza Superior, Investigación e Innovación: construir estos elementos de éxito. Lo que es bueno para Francia, para los jóvenes y los estudiantes franceses, es bueno para su atractividad internacional y esta es la etapa indispensable que el Gobierno está asumiendo.

Pero nuestra estrategia de acogida debe también ser más ofensiva y más integrada. De la reforma de las universidades a la solicitud de visa en los espacios Campus Francia que ustedes coordinan, de la recepción simplificada en Francia a la firma de nuevos acuerdos de cooperación universitaria en sus países de residencia, todos los esfuerzos deben ir en el mismo sentido.

Los países del espacio francófono deben enviar aún más estudiantes a Francia, en particular en el nivel de maestría y doctorado como sabe hacerlo por ejemplo América Latina. Deseo que nos apoyemos todavía más en la red de liceos franceses en el extranjero y que podamos crear aún más becas de atractividad para los mejores estudiantes, y que nos convirtamos en líderes en Europa precisamente en el mercado del sector digital que da acceso a títulos universitarios en esta rama.

Esta diplomacia de la atractividad debe también poder apoyarse ─y sé que ya lo están haciendo─ en los Franceses del Extranjero. Los Franceses del Extranjero tienen esta oportunidad de poder cada día comparar su patria a su país de recepción: perciben nuestras debilidades pero con frecuencia ven mejor que otras fuerzas que no explotamos lo suficiente.

Tienen esta voluntad de comprometerse todavía más en la reactivación de Francia, en su poder de atracción, en los vínculos económicos, culturales, educativos, lingüísticos que podemos desarrollar en cada uno de estos países. Conozco sus preocupaciones con respecto, por ejemplo, a la escolarización de sus hijos. Los créditos de la AEFE (Agencia para la Enseñanza Francesa en el Extranjero) se preservarán a partir de 2018. Sé, señor Ministro, la importancia que concede usted a ello.

También están preocupados por su seguridad a la que consagramos cada vez más medios. Nos corresponde también hacer que la expatriación no sea un camino sembrado de obstáculos, sino una experiencia que permita desarrollarse. Al respecto, la digitalización de las gestiones administrativas es una obra que conviene acelerar. Abordaré todos estos temas a principios de octubre ante la Asamblea de los Franceses del Extranjero para marcar este compromiso.

Entre los factores de atractividad, deseo que la lengua francesa recupere su lugar. Debe ser objeto de toda su atención diplomática. Grandes cifras nos dan confianza: 300 millones de hablantes francófonos en el mundo, en particular, gracias a África, con proyecciones muy optimistas para 2050.

Pero eso no debe ocultar realidades mucho más contrastadas, o incluso preocupantes: ahí también, no estemos a la defensiva. Nuestra francofonía es una oportunidad formidable, está en todos los continentes, y la enarbola Francia en primer lugar, y la influencia de nuestro país en todos los continentes, gracias a su presencia ultramarina. Y quiero, en este marco, entre otras cosas, que nuestros territorios de ultramar sean un elemento de nuestra irradiación y nuestro desarrollo.

Pero también es defendida por todas las comunidades francófonas que, en todos los continentes, poseen esta vitalidad: la promoción de la lengua francesa debe pues pasar por un dispositivo que debemos reorganizar y desarrollar, nuestro dispositivo audiovisual, Francia Médias Monde y TV5 Monde, bajo la responsabilidad de las Alianzas francesas. Y aunque sé o creo saber que eso ya se ha dicho con frecuencia, deseo llevar a buen puerto el acercamiento entre el Instituto francés y la Fundación Alianza Francesa, mediante las herramientas digitales, la Francofonía económica, en unión con el sector privado, mediante la introducción de los métodos activos de aprendizaje, en los sistemas educativos de nuestros socios.

La francofonía debe desmultiplicarse gracias a la acción cultural, al cine, la práctica artística y la lectura, en particular, dirigida al público joven, que al respecto resulta importante este año ahora que Francia es la invitada de honor del Salón del libro, la Feria del libro, perdón, de Frankfurt, la cual visitaré. Estas son la clase de iniciativas que debemos seguir desarrollando. La francofonía, no es un tema de distracción que vendría a añadirse al resto. Está en la parte medular del combate que tenemos que librar en todos los continentes, el de la defensa de nuestros valores, el de nuestro objetivo de desarrollo, el de la defensa de los bienes comunes, que mencionaba hace unos momentos.

Y cada uno de entre ustedes lo sabe, cuando nos encontramos con un responsable económico o político extranjero, que aprendió francés en uno de nuestros liceos, que fue objeto de uno de nuestros intercambios universitarios, económicos o culturales, hay algo que nos une. Hay, en ese momento, un hilo, incluso tenue, que se puede utilizar en las peores circunstancias y que permite corregir una situación, que permite retomar el sentido común, recuperar la seguridad, la estabilidad: todo se relaciona. Y los que piensan que se podría menospreciar la francofonía como un accesorio se equivocan: la heredamos, por lo tanto pensamos que podemos olvidarlo; debemos desarrollarla todavía más, porque es una herramienta de este poder de atracción y de esta influencia, y de nuestra capacidad para llevar por todas partes nuestro mensaje. Por ello reuniré a principios del año próximo a intelectuales, universitarios, artistas, empresas, comprometidos para fortalecer el lugar de nuestra lengua en el mundo.

Nuestros objetivos deben ser ambiciosos y presentaré en 2018, desde el primer semestre, un plan global para la promoción de la lengua francesa y el multilingüismo en el mundo, en unión con la Organización Internacional de la Francofonía y sus países miembros. Es gracias a esta fuerza colectiva que, precisamente también, podemos atraer eventos mundiales como, así lo espero, la Exposición Universal, o triunfar en otro ámbito fundamental para Francia, el del deporte, como lo veremos dentro de unos días, para la candidatura de Francia a los Juegos olímpicos de 2024. Porque ese también es un elemento de nuestro poder de atracción, de nuestra credibilidad, de nuestra fuerza, de este orgullo francés que ayuda a irradiar y enarbolar el conjunto de nuestros valores y nuestras prioridades.

Quiero al respecto, no felicitar pues sería demasiado pronto, al equipo que irá a defender los colores de Francia a Lima, en unos cuantos días, sino desde ahora, agradecerles que hayan trabajado tanto en torno a este reto.

Por último, Francia sólo será atractiva si influye en las reglas que prevalecen a escala internacional: deseo que se comprometa más resueltamente en las instancias que las conciben y las decretan, y de manera más amplia, que vuelva a ser un lugar en donde se piensa el mundo. ¿Qué quiero con ello? Hay múltiples cambios en el plano económico, industrial, tecnológico, que van a impactar profundamente en nuestras vidas, en nuestras capacidades para innovar, para producir, y que van a impactar en la vida diaria la relación con lo secreto y las libertades individuales.

El sector digital va a trastornarlas profundamente, ya comienza a hacerlo; estos cambios tecnológicos van a cambiar profundamente nuestra capacidad para innovar, para producir, y detrás de todo ello, estos nuevos estándares que van a construirse: actores dominantes de este mundo digital y la inteligencia artificial, que está surgiendo, se están conformando, estos gigantes que son principalmente estadounidenses.

Tenemos campeones franceses, europeos que deben constituirse, y será una de las prioridades de la política del Gobierno; pero eso debe también pasar por una capacidad ─que a veces descuidamos más que algunos de nuestros vecinos europeos: pienso en particular en los Alemanes─ para definir los estándares, las normas, que regularán estos espacios; si queremos triunfar en el vehículo autónomo, debemos a escala europea definir las normas, y hacerlo por lo menos en franco-alemán. Si queremos ser los líderes, lo que debe poder lograrse, de la inteligencia artificial, ahí también, debemos definir las grandes reglas. Todos estos cambios traerán convulsiones profundas que afectarán la bioética, las libertades individuales y nuestros derechos fundamentales.

Debemos pensarlos, en unión con nuestros principales socios, porque es el papel de Francia crear el marco de regulación multilateral de este mundo que adviene, para poder llevar a ahí sus propios intereses, y hacerlo de manera europea para no sufrir la regulación de hecho, que es la ley demás fuerte, la que sufrimos hoy día.

Sobre todos estos temas, deseo que Francia se comprometa profundamente, lo cual implica su trabajo día tras día, la movilización del conjunto de los actores económicos, sociales ─quienes son competentes sobre estos temas─, los medios académicos, científicos indispensables, los mejores juristas para que podamos ser uno de los lugares en donde se piensan sus reglas del mundo del mañana, es decir, estos equilibrios, en donde se permitirá que esta mundialización ─la cual, de todas maneras, se encuentra ahí─ no esté libre de toda norma, porque entonces se convierte en la propiedad de unos cuantos, y porque se vuelve así la enemiga de nuestros propios intereses.

Toda esta nueva responsabilidad es nuestra y debe conducirnos a definir filosófica y jurídicamente las normas de este nuevo mundo; librarlo solamente al interior de nuestras fronteras a una reflexión jurídica sería insuficiente: es a nivel europeo e internacional que debemos llevar este combate, como exploradores.

Y en esta sociedad del conocimiento, que florece ante nuestros ojos, nuestro país deberá volver a ser un centro de la pericia internacional y del debate sobre el orden mundial. Por ello deseo que Francia lance un ciclo de conferencias internacionales anuales diplomáticas y jurídicas, consagradas a la organización de nuestro mundo: la primera se celebrará en París en el verano de 2018.

Señoras y señores: las mutaciones profundas que vemos por todas partes desarrollándose constituyen ciertamente un reto considerable, una responsabilidad inmensa para nuestro país, un reto porque se trata de poner a Francia en situación de recuperar su destino en la marcha del mundo, de asumir la ambición de ser una gran potencia que influye y que cuenta en un mundo multilateral, y para ello, reconquistar las palancas de la potencia, que son la salud económica, la competitividad, la capacidad de educar, innovar, influir.

Este es el reto de las transformaciones que queremos llevar a cabo, pero una responsabilidad también, porque corresponde a Francia, en este nuevo juego mundial, definir un nuevo humanismo en el corazón de las mutaciones, que afectan la idea misma que uno se hace de lo humano. Más allá de la seguridad, más allá de la soberanía, Francia necesita hacer que se oiga su identidad, necesita saber quién es ella y en que quiere convertirse; necesita diversidad, humildad y orgullo, pues Francia, si tiene la voluntad y se da los medios, conservará siempre una voz original en el concierto de las naciones, una voz de experiencia y esperanza, que aspira a un orden multilateral de progreso y justicia, preocupada por todas las crisis, atenta a todos los retos globales, ambientales, digitales, de desarrollo.

En este sentido, somos una gran potencia por sus ambiciones, grande por sus ideales, grande por sus esperanzas, y lo debemos asumir plenamente: esta es la parte medular de su misión. Para ello, la diplomacia francesa debe ser global conjugando economía, defensa, educación, cultura, medio ambiente: ésta es la clave de su irradiación.

Y agradezco a Jean-Yves Le Drian poner su experiencia, su determinación, su gusto por los resultados concretos al servicio de esta administración única, y a su lado Nathalie Loiseau y Jean-Baptiste Lemoyne, así como su nuevo Secretario General, Maurice Gourdault-Montagne.

Para mí, que estoy comenzando a reunirme con ustedes, lo importante es aquí celebrar, para concluir, su entrega y la de sus equipos, su coraje también, mientras que se encuentran ustedes expuestos cada vez más a menudo a situaciones peligrosas. Y quiero aquí dirigir unas palabras muy particulares para el personal de nuestra embajada en Kabul, que sufrió el pasado 31 de mayo un atentado de una amplitud nunca antes vista.

Ante el peligro, en todas las zonas de crisis, ustedes preservan la voz y los intereses de Francia, y velan por la protección de los franceses. Quiero, al respecto, agradecer también muy calurosamente a los agentes del Centro de Crisis y a todos aquellos que contribuyen a la asistencia de los franceses en dificultad, incluidas ya las víctimas de atentados en el suelo nacional.

Conozco los sacrificios que hacen, la carga que puede representar la inestabilidad de la vida diplomática en cada uno de ustedes y de sus familias. Al respecto, les agradezco desde el fondo del corazón la contribución que todos los agentes del Ministerio para Europa y de Asuntos Exteriores aportan, con su sentido del Estado, su disponibilidad, su conocimiento del mundo, a la seguridad y a la protección de los franceses, al resplandor de Francia.

Los incito a movilizarse con sus propuestas, sus iniciativas, sus acciones, para llevar juntos y para concretar esta esperanza de una Francia que recupera la confianza en su porvenir, y que sabrá también responder a la expectativa de la que es objeto, en el mundo, y también en nuestra sociedad; juntos, vamos precisamente a responder a esta expectativa.

Corresponde a nosotros, juntos, trazar un nuevo modelo de civilización en donde las desigualdades y las inseguridades se contendrán; en donde la justicia se defenderá y el planeta se protegerá; en donde la cultura, la creación, la memoria se respetarán. Este proyecto: eso es nuestra identidad. Cuando muchos otros se pierden queriendo buscar una identidad ilusoria, en un pasado que nunca ha sido y que sólo sería nacional, enarbolan ustedes la identidad francesa, porque sólo se ha construido siempre en función de sus combates, sobre sus terrenos de vanguardia, en sus momentos más difíciles.

Podemos procurar que el futuro pertenezca al diálogo y no a la guerra, a la cooperación y no a la discordia, a la prosperidad compartida y no a las crisis: ese es todo el sentido de nuestra política, y ─lo sé─ el de su vocación. Muchas gracias.

publié le 04/09/2017

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