Discours d’ouverture du 1er colloque centraméricain d’archéologie préventive

Coloquio centroamericano de arqueología preventiva, San Salvador, 14-15 de noviembre de 2016

Es un placer para mí poder saludarles esta mañana en esta ocasión tan particular.

Una decena de sitios y conjuntos de sitios culturales de Centroamérica fueron declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO. Uno de los integrantes de este prestigioso grupo se encuentra aquí, en El Salvador : se trata de Joya de Cerén, la llamada “Pompeya de América”, donde se pueden apreciar los vestigios de una aldea maya sepultada por una erupción volcánica, hace unos 14 siglos, y admirablemente conservada. Pero más allá de estos lugares destacados por la UNESCO, Centroamérica posee una extraordinaria riqueza arqueológica, que juega un papel notable en el resplandor de la región. De hecho, en Francia como en otros países, en la opinión pública, Centroamérica permanece íntimamente asociada con los testimonios de antiguas culturas y civilizaciones, que no dejan de intrigarnos y hacernos soñar.

El patrimonio arqueológico centroamericano, entonces, tiene un poder particular en nuestra mente y nuestra vida. Despierta un prodigioso interés científico, por supuesto, pero su impacto se hace sentir, también, en las culturas, las artes, las identidades nacionales y comunitarias, las relaciones internacionales y la economía de Centroamérica. Este legado ha llevado a los Estados del istmo a establecer instituciones, leyes y procedimientos específicos, y suscita cada vez más proyectos públicos y privados, destinados a promover su estudio, protección y valoración. Ha inspirado, incluso, ambiciosas iniciativas regionales, tales como la organización Mundo Maya, que reúne los ministerios encargados del turismo de El Salvador, México, Belice, Guatemala y Honduras, y la Ruta del Patrimonio Mundial, concebida bajo el impulso del Consejo Centroamericano del Turismo (un órgano del Sistema de la Integración Centroamericana – SICA).

Por otro lado, sin embargo, este patrimonio enfrenta amenazas cada vez mayores, por la multiplicación de los proyectos de construcción, en un contexto de crecimiento de la economía y la demografía. A pesar del uso de la arqueología de rescate, en los siete países centroamericanos, desde hace décadas, la falta de protección de los sitios arqueológicos ha provocado rotundas tragedias culturales. Las destrucciones sufridas por los centros monumentales prehispánicos de El Cambio, en El Salvador, Kaminaljuyu en Guatemala o Nohmul en Belice, por mencionar sólo estos tres ejemplos, ha dejado dolorosos recuerdos. Pero fuera de estos casos dramáticos, numerosos arqueólogos, funcionarios y amigos del patrimonio sienten que las disposiciones vigentes no permiten asegurar, adecuadamente, el registro, el estudio y la conservación de los bienes culturales afectados por los proyectos de construcción.

Es en este contexto que surgió la idea, el año pasado, de organizar un Coloquio centroamericano de arqueología preventiva. Por esta iniciativa, quisimos ofrecer un espacio para reflexionar sobre la situación de la arqueología de rescate en los siete países de Centroamérica, las reformas que se podrían implementar en este campo, y la posibilidad de definir lineamientos a nivel regional. Como lo habrán notado, el título del evento habla de “arqueología preventiva” y no de “arqueología de rescate”, ya que el objetivo es de poder actuar, de manera sistemática, antes del inicio de cualquier obra de construcción. Por lo demás, conviene buscar la mejor manera de conciliar la gestión del patrimonio arqueológico con los imperativos del desarrollo humano.

El presente Coloquio se hace bajo el alto patrocinio de la Secretaria de Cultura de la Presidencia de la Republica de El Salvador y la Embajada de Francia en El Salvador, y con los apoyos del Instituto Francés de América Central (IFAC), el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA) y el centro de investigaciones Éveha International. Su comité organizador es integrado por Marlon Escamilla, Adelino Braz, Sébastien Hardy, Bárbara Arroyo y Sébastien Perrot-Minnot. Los ponentes vienen de varios países centroamericanos, pero también de Francia. Podremos escuchar, aquí, las palabras de Nicolas Grimal, miembro de la Academia de Inscripciones y Bellas-Letras de Francia, y Dominique Bonnissent, Conservadora Regional de Arqueología de la Guadalupe, en las Antillas Francesas.

Para Francia, donde el patrimonio cultural representa una pasión ancestral, es un honor poder participar en tan relevante encuentro. En 2001, en mi país, se adoptó una ley específica sobre la arqueología preventiva, y se fundó el Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas (Inrap, por sus siglas en francés).

En 2003, una nueva ley acabó con el monopolio que tenía el Inrap en la realización de las excavaciones preventivas, abriendo este campo a la competencia de servicios arqueológicos de las colectividades territoriales y de compañías especializadas privadas ; pero el sistema sigue siendo estrictamente controlado por el Estado, y las entidades que pretenden conducir operaciones arqueológicas preventivas tienen que obtener, previamente, una habilitación del Estado, otorgada en base a requisitos muy rigurosos. En los últimos años, las reflexiones sobre los dispositivos rigiendo la arqueología preventiva han continuado, con mucho dinamismo.

En la actualidad, Francia es uno de los países donde la arqueología preventiva es más activa ; cada año, se llevan a cabo, allá, más de 2500 diagnósticos y 500 campañas de excavaciones preventivas. Estos trabajos no tienen como ambiciones la conservación de todos los vestigios -sería ilusorio- ni la realización de hallazgos sensacionales. Pero buscan recolectar informaciones y producir conocimientos.

publié le 25/10/2017

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