La Tribuna de Fabius y Ph. Hammond

"El amo de Damasco no puede ser el futuro de Siria."

Desde el palacio donde se encuentra recluido, Bashar al-Asad ya no se limita a hacer la guerra
a su propio pueblo: ha empezado a promover una política de auto-rehabilitación. En los
medios occidentales, intenta aprovecharse del pavor suscitado por los extremistas para
presentarse como una muralla contra el caos. Algunos parecen sensibles a este discurso: ante
el terror, dicen, la injusticia y la dictadura serían preferibles al desorden.
En realidad, Bashar representa a la vez la injusticia, el desorden y el terror. Y nosotros,
Francia y el Reino Unido, decimos “no” a los tres.
De ahí nuestro escepticismo cuando Bashar al-Asad pretende aceptar la propuesta presentada
por el enviado de las Naciones Unidas, Staffan de Mistura: una suspensión durante seis
semanas de los bombardeos sobre la población civil de Alepo. Celebramos la entrega y los
esfuerzos del Sr. de Mistura. Compartimos el deseo de una reducción concreta y duradera de
las violencias. Sin embargo, debido a sus acciones pasadas, no podemos dar crédito a la
palabra de Bashar.
El dirigente sirio conduce una guerra civil con crueldad. La lista de sus crímenes ─crímenes
de guerra y crímenes contra la humanidad─ es larga. Éstos se cometieron supuestamente en
nombre de la lucha contra el terrorismo, pero se llevaron a cabo realmente en el marco de una
política sistemática. No olvidemos la utilización de las armas químicas, el recurso ciego a la
violencia contra los civiles sirios, las terribles imágenes de torturas y asesinatos en las
prisiones de Asad reveladas al mundo por el tránsfuga del régimen, conocido bajo el nombre
de César.
En realidad, Bashar está más débil que hace un año y no ha dejado de seguir debilitándose. Su
ejército está exsangüe, abandonado cada vez más por las deserciones de sus propios soldados
y obligado a reclutar mercenarios incluso en Asia. Bashar se ha convertido en el vasallo de
sus padrinos regionales que, como el Hezbollah, hacen la ley en el país.
Solución política negociada
Bashar ya no controla realmente su país, ni en el norte en donde ha perdido terreno y en donde
la oposición moderada lucha con valor; ni al este en donde no opone ninguna resistencia a
Daech; ni al oeste en donde se ha instalado una filial de al-Qaeda. Por lo que se refiere a sus
propias fronteras, éstas han sido infiltradas por todas las partes.
Proponer a Bashar al-Asad como solución ante el extremismo, es desconocer las causas de la
radicalización. Luego de 220 000 muertos y millones de desplazados, es ilusorio imaginar que
la mayoría de los sirios están de acuerdo en colocarse nuevamente bajo el dominio de quien
los martiriza. Poner fin a sus esperanzas de un futuro mejor con una Siria sin Bashar,
significaría radicalizar todavía más a numerosos sirios, empujar a los moderados hacia el
extremismo y consolidar un bastión yihadista en Siria.
Por nuestra propia seguridad nacional, debemos acabar con Daech en Siria. Necesitamos un
socio para actuar contra los extremistas, por lo tanto una solución política negociada entre las
distintas partes sirias y que lleven a un Gobierno de unidad. Éste debería reunir ciertas
estructuras del régimen existente, la Coalición Nacional y otros componentes que tienen de
Siria una visión moderada, inclusiva, que respetan las diversas comunidades del país. Queda
claro para nosotros que Bashar al-Asad no concuerda con dicho marco.
Esta transición permitiría volver a dar al pueblo sirio la esperanza en su futuro y a la vez
permitirnos combatir las causas profundas de Daech. En eso estamos trabajando. La tarea no
es fácil, y cada uno debe asumir la parte que le corresponde; pero Francia y el Reino Unido no
escatimarán ningún esfuerzo para lograrlo.

publié le 06/03/2015

haut de la page